
Atrapados en el pantano iraní:
Cuando los millones no compran la victoria
Por: Rodrigo Bernardo Ortega
Septiembre de 2.026
A seis meses del inicio de la operación Epic Fury contra Irán, la situación para Estados Unidos puede definirse con una sola palabra: quagmire. Aunque su traducción literal es «pantano» o «cenegal», el término se ha consolidado como la etiqueta perfecta para definir las empantanadas intervenciones militares estadounidenses. Hablamos de esas guerras que se prometen fugaces, pero que terminan eternizándose hasta asestarle una amarga derrota al Gigante del Norte, doblegado más por su propio desgaste que por la superioridad técnica del enemigo. Es, punto por punto, el mismo guion que Washington ya padeció en Vietnam, Afganistán e Irak.
Esta cruda realidad ha llevado a varios líderes militares a advertir al Secretario de Defensa, Pete Hegseth, que prolongar las operaciones a gran escala es insostenible. Según una evaluación clasificada detallada en el Libro de Órdenes del Secretario de Defensa (SDOB) del 14 de agosto, los líderes de los comandos de Europa, el Pacífico y el Sur, junto con el jefe de la Armada, emitieron un «desacuerdo» (non-concur) formal ante las directrices de extender el despliegue de sus fuerzas.
[Hegseth testifica durante una audiencia de la Comisión de Asignaciones del Senado en el Capitolio | Foreing Policy]
Estas tensiones operativas surgen mientras el presidente Donald Trump mantiene a más de 50.000 tropas en alerta. Sin embargo, las grandilocuentes metas iniciales, que apuntaban a la rendición total y a un cambio de régimen en Teherán, se han encogido drásticamente. Ahora, la urgencia de la administración se limita a intentar reabrir el Estrecho de Ormuz —una vía comercial crucial que nunca había estado cerrada antes de febrero de 2026— y a frenar un programa nuclear iraní que la administración Obama ya había logrado neutralizar en 2016.
[Captura de Pantalla de Iran War Cost Tracker]
El costo de esta inercia bélica es abrumador. Una plataforma de monitoreo estima que, tan solo entre el 28 de febrero y el 16 de junio, la factura superó los 113.000 millones de dólares. Este masivo nivel de gasto pone al desnudo una de las asimetrías más ruinosas en el campo de batalla: el sangrado financiero de la defensa. Estados Unidos se ve acorralado, obligado a disparar armamento multimillonario para neutralizar enjambres de armas iraníes ultrabaratas, como los drones de ataque Shahed —valorados entre 20.000 y 50.000 dólares— y misiles balísticos de bajo costo.
El desvío continuo de recursos hacia el Medio Oriente ha degradado las capacidades estadounidenses en todo el mundo. La Armada enfrenta la crisis de preparación más severa: asumiendo el bloqueo de los puertos iraníes y defendiéndose de los contraataques, actualmente apenas una cuarta parte de su flota de destructores está lista para desplegarse, lo que compromete el mantenimiento futuro de las naves.
El drama logístico y humano de esta sobreextensión se vive en carne propia a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, un ejemplo sombrío de esta crisis. Desplegado originalmente en noviembre y reasignado para brindar apoyo táctico frente a Irán, el inmenso buque alberga a unos 5.000 tripulantes que operan al límite de sus fuerzas. Según desgarradoras denuncias, los marineros soportan turnos extenuantes, duchas cubiertas de moho, fallas crónicas de plomería y escasez de raciones y artículos básicos. Estas pésimas condiciones detonaron una crisis de salud mental que alcanzó su punto crítico en agosto, con intentos de suicidio de marineros saltando por la borda, obligando a desplegar operativos de rescate.
Aunque el Ejército y la Fuerza Aérea aceptaron extender sus despliegues hasta 2027, subrayaron los altísimos riesgos que esto conlleva. Detrás de las maniobras se oculta una realidad alarmante: el arsenal se está secando. Reportes revelan que el Ejército ha consumido prácticamente todas sus municiones tierra-tierra de largo alcance (ATACMS y PrSM). Además, ha agotado el 80 % de su reserva para los sofisticados sistemas de defensa THAAD y SM-3 —cuyo costo alcanza hasta los 40 millones de dólares por unidad—, y cerca de la mitad de sus interceptores Patriot y misiles Tomahawk. A esto se suma la pérdida del 25 por ciento de la flota de drones Reaper.
Esta severa crisis de inventario le ha atado las manos a la administración Trump, forzándola a contener nuevas campañas aéreas masivas y transicionar hacia una arriesgada estrategia de interceptación selectiva. Puertas adentro, este panorama ha encendido exigencias clamando por una reindustrialización urgente. El Pentágono ha impulsado acuerdos con gigantes como Lockheed Martin y Northrop Grumman para intentar triplicar la producción de interceptores hacia 2030, pero los expertos advierten que sin una financiación masiva y sostenida del Congreso, estos planes carecen de viabilidad real.
[Ataque a la base naval estadounidense en Bahrain | NBC]
El impacto de este desgaste golpea con especial dureza a los aliados que confiaron su seguridad al hegemón. La necesidad de repeler las ofensivas iraníes obligó a desviar a Medio Oriente interceptores destinados a Ucrania. A nivel regional, expuso a los socios árabes a represalias y disparó los costos del transporte marítimo. La onda expansiva llega hasta la península coreana, donde Washington canceló ejercicios militares y reubicó sistemas Patriot, tensando lazos con Seúl. Sumado a esto, el traslado del portaaviones USS George Washington al Mar Arábigo dejó al Pacífico occidental sin presencia naval pesada, encendiendo las alarmas en Filipinas y aliados clave frente a la creciente presión de China. Igualmente, el Comando Europeo advirtió que carece de fuerzas para escudar a Israel y a EE. UU. de ataques con misiles.
En la orilla opuesta, Irán exhibe una notable resiliencia. A pesar del intenso bombardeo inicial que colapsó las entradas de sus bases subterráneas, la ingeniería militar iraní regeneró rápidamente su infraestructura, logrando mantener sus líneas de suministro intactas y continuar lanzando ataques precisos contra bases estadounidenses en Jordania, Kuwait, Bahréin, Arabia Saudí y Qatar.
La sorprendente eficacia iraní es fruto de adaptaciones tácticas: Teherán desplegó su arsenal más letal, destacando el misil Kheibar Shekan (capaz de ejecutar maniobras evasivas finales), y coordinó ráfagas para saturar y evadir las defensas. Su éxito inicial cegó parcialmente los radares de alerta temprana de Washington, debilitando aún más un escudo antiaéreo hoy mermado por la falta de munición.
Acorralado frente a esta capacidad de regeneración enemiga, Estados Unidos se enfrenta a un callejón sin salida estratégico. La extrema dificultad de interceptar misiles iraníes en su fase terminal sugiere que la única salida sería atacar directamente las lanzaderas, una tarea casi imposible dada la vasta extensión del territorio iraní y la altísima movilidad de sus equipos.
La conclusión, a estas alturas, es dolorosamente sencilla: Estados Unidos ya perdió. Su actual negativa a negociar un alto al fuego se explica solo como una táctica política de Trump para ganar tiempo hasta las elecciones de medio término, o bien evidencia que ya no opera como un actor racional. Sea cual sea la realidad en la Casa Blanca, hoy resuena más implacable que nunca la célebre máxima del general Robert H. Barrow: «Los aficionados hablan de estrategia; los profesionales hablan de logística».
Fuentes:
- Iran War Cost Tracker | Final Total: $113.3 Billion
- La guerra de Trump está debilitando a EE. UU. de 4 maneras | The New York Times
- Six months on, Trump’s Iran ‘excursion’ risks igniting crises far beyond the Middle East | CNN
- The Iran war is no Vietnam. But it may become an economic quagmire for the Gulf. | Atlantic Council
- Munitions shortage constrains Trump’s military efforts against Iran | The Hill
- What to Know About Concerns Over the Long-Deployed USS Abraham Lincoln | Time
- Why Iranian missiles are still hitting US targets five months on | Financial Review
- Missiles worth $40 million a shot rack up America’s Iran war costs | ABC News
- Weapons, money and ships: How is this Iran deal different from others? | BBC
- Military leaders warn Hegseth against extending Iran war operations | The Washington Post
- Gen. Caine’s Silence on Iran War Leaves Questions About Military Strategy | The New York Times



