Logoheader-otraLogoheader-otraLogoheader-otraLogoheader-otra
  • Geopolítica
    • Geopolítica Latinoaméricana
    • Geopolítica Mundial
    • Geopolítica Colombiana
  • Agroindustria y Política
    • Laboratorios Biológicos
    • Monsanto
  • Deportes
    • Mundial de Fútbol 2.018
    • Política en la WADA
  • Desarrollo de infraestructura
  • Recursos Naturales
    • Petroleo y Gas
  • Contáctenos
✕
            No results See all results
            25 febrero, 2026
            Categorías
            • Geopolítica
            • Geopolítica Mundial
            Etiquetas

            El Espejismo del Realismo:

            Una Crítica a la Doctrina Marco Rubio en Múnich

            Por: Rodrigo Bernardo Ortega
            Febrero de 2.026

            La Conferencia de Seguridad de Múnich ha sido, históricamente, el termómetro de la salud transatlántica. Sin embargo, en su edición de 2026, el ambiente no era de colaboración, sino de una tensa expectación. Cuando Marco Rubio subió al estrado, no lo hizo solo como el jefe de la diplomacia de la superpotencia remanente, sino como el heraldo de una nueva era: el «Realismo Post-Universalista». Su discurso, cargado de una retórica asertiva y una lógica de suma cero, pretendía ofrecer claridad en un mundo multipolar. No obstante, tras un análisis riguroso, lo que Rubio presentó no fue un mapa para la estabilidad, sino una receta para la fragmentación estratégica y un retorno peligroso a la política de bloques del siglo XX.

            A continuación, desglosamos los argumentos críticos que invalidan, o al menos ponen en tela de juicio, la sostenibilidad de la visión de Rubio para el siglo XXI:

            Uno de los principales pilares del discurso de Rubio en Múnich fue la exigencia de que Europa asuma una «responsabilidad total» por su seguridad. A primera vista, es un argumento lógico: Estados Unidos no puede seguir subvencionando la defensa de naciones ricas mientras su propio frente interno se tensa. Sin embargo, la crítica surge en la contradicción inherente de su propuesta, pues Rubio exige que Europa gaste más, pero bajo los términos de la industria de defensa estadounidense y dentro del marco estratégico dictado por Washington. Critica la «autonomía estratégica» europea cuando esta implica una divergencia en la política hacia China o una independencia tecnológica (como el desarrollo de sistemas de defensa propios que compitan con el F-35). Para Rubio, la autonomía europea es bienvenida solo si se traduce en que Europa sea un «socio menor más fuerte», pero no un actor independiente. Esta visión es vista por los aliados como un ejercicio de transaccionalismo cínico: Washington quiere los beneficios de una alianza fuerte sin los costos de la consulta mutua.

            El discurso de Rubio estuvo vertebrado por una idea fija: China es la amenaza existencial absoluta y cada decisión global debe ser filtrada a través de esa lente. Si bien la competencia con Pekín es innegable, Rubio propone un reduccionismo que ignora las complejidades regionales.

            Al presionar a los aliados europeos y del Sur Global para que «elijan bando» de manera tajante, Rubio ignora las interdependencias económicas que no pueden cortarse con un discurso en Múnich. La crítica aquí es doble:

            De una parte, al enmarcar la relación como un conflicto inevitable de civilizaciones, Rubio hace una provocación innecesaria, porque cierra las puertas a la indispensable cooperación en temas globales (clima, pandemias, regulación de la IA).

            De otra parte, sugiere el abandono de otros frentes, ya que su enfoque «China-céntrico» implica que la inestabilidad en los Balcanes, el Cáucaso o el Sahel es secundaria. Esto crea vacíos de poder que, irónicamente, son llenados por los mismos adversarios que Rubio pretende contener.

            Durante décadas, Estados Unidos fue el arquitecto del orden internacional basado en reglas. Rubio, en su intervención, pareció firmar el acta de defunción de este concepto para sustituirlo por un «orden basado en intereses». El problema de abandonar el idealismo (incluso uno imperfecto) es que se pierde la autoridad moral. Rubio critica a China por violar el derecho internacional en el Mar de China Meridional, pero simultáneamente sugiere que Estados Unidos debe actuar unilateralmente cuando las instituciones multilaterales no sirven a sus intereses inmediatos. Este doble rasero destruye la credibilidad estadounidense ante los países indecisos (el «Swing State» global). Si el derecho internacional es solo una herramienta de conveniencia para Washington, ¿por qué debería el resto del mundo respetarlo?

            Como figura central de la política exterior hacia las Américas, Rubio ha exportado su modelo de «presión máxima» (aplicado en Venezuela y Cuba) al escenario global. En Múnich, sugirió que la firmeza ideológica y las sanciones son las herramientas principales de la diplomacia moderna. La crítica lógica es que este modelo no ha entregado resultados tangibles en el patio trasero de EE. UU. Tras años de sanciones y retórica incendiaria, los regímenes en Caracas y La Habana permanecen, mientras que la influencia rusa y china en la región ha crecido exponencialmente debido al vacío diplomático dejado por una política que solo sabe decir «no». Aplicar esta misma rigidez a potencias nucleares o a bloques económicos complejos es una apuesta de alto riesgo que confunde la intransigencia con la fuerza.

            Hagamos un breve resumen comparativo de las visiones geopolíticas tradicional (Multilateralismo) y la nueva doctrina Rubio (Realismo Nacionalista):

            En el caso de las alianzas, en vez de que éstas estén basadas en valores compartidos y defensa mutua, plantea que deben estar basadas en la contribución económica y la lealtad estratégica.

            Antes, China era considerado un competidor sistémico y un socio necesario, en tanto que ahora Rubio lo percibe como una amenaza existencial y un adversario total.

            En cuanto a las Instituciones globales (ONU/OTAN), los cuales eran considerados foros esenciales para la legitimidad, ahora Rubio decide que son herramientas útiles solo si sirven al interés de Estados Unidos.

            Finalmente, en lo atinente a seguridad planetaria, la cual se consideraba de manera integral, clima, economía y ciberespacio, Rubio define que debe primar la supremacía militar y el desacoplamiento tecnológico.

            Lo verdaderamente sorprendente es que, en 2026, un discurso sobre seguridad global en el corazón de Europa dedique menos del 2% de su tiempo a la crisis climática. Rubio sigue viendo la seguridad a través de la mirilla de un tanque o el alcance de un misil hipersónico.

            Pero para la mayoría de las naciones presentes en Múnich, la inseguridad alimentaria, los flujos migratorios derivados del clima y el colapso de los ecosistemas son amenazas mucho más inmediatas que la soberanía del Estrecho de Taiwán. Al ignorar estos factores, Rubio desconecta a Estados Unidos de la realidad vivida por el resto del planeta.

            La seguridad ya no es solo territorial; es sistémica. Un discurso que ignora la biosfera es, por definición, un discurso incompleto y anacrónico.

            Rubio ha sido históricamente un defensor de la libertad. Sin embargo, en Múnich, su retórica mostró una veta de pragmatismo oscuro. Pareció sugerir que las democracias son aliadas naturales solo si están dispuestas a alinearse militarmente.

            Esto plantea una pregunta incómoda: ¿qué sucede con las autocracias que son útiles para contener a China o Rusia? La historia nos enseña que el apoyo a dictadores «amigos» termina por alimentar la inestabilidad a largo plazo. Si la «Doctrina Rubio» sacrifica la promoción de los derechos humanos en el altar de la competencia entre grandes potencias, entonces Estados Unidos pierde su diferencia cualitativa respecto a sus rivales. Se convierte en una potencia más luchando por el dominio, sin un mensaje inspirador que ofrecer al mundo.

            El llamado de Rubio a un «desacoplamiento acelerado» (decoupling) de las cadenas de suministro respecto a los adversarios es económicamente inflamatorio. Si bien la resiliencia es necesaria, Rubio propone una fragmentación que podría llevar a una depresión global.

            La economía mundial no es un interruptor que se pueda encender y apagar. El intento de forzar un sistema de «Friend-shoring» (producir solo en países amigos) bajo términos estrictos podría alienar a socios clave en el Sudeste Asiático y África, quienes no desean ser los peones en una guerra comercial que no buscaron. La crítica aquí es que Rubio sobreestima el poder de mercado de EE. UU. y subestima la capacidad de adaptación de los mercados globales.

            Nuestra conclusión es que el discurso de Marco Rubio en Múnich fue, sin duda, una demostración de poder retórico y claridad ideológica. Logró lo que se proponía: enviar un mensaje de que Estados Unidos no se disculpará por perseguir sus intereses. Pero la claridad no debe confundirse con la sabiduría.

            Su visión es la de un mundo dividido, un mundo donde la confianza ha sido reemplazada por la vigilancia y la diplomacia por la coacción. Al alienar a los aliados con exigencias transaccionales, al reducir la complejidad global a una lucha binaria contra China y al ignorar las amenazas existenciales no militares, Rubio corre el riesgo de dejar a Estados Unidos solo en la cima de un orden mundial en ruinas.

            La seguridad real no proviene de la capacidad de ganar una guerra, sino de la habilidad para prevenirla y de construir un sistema donde los demás tengan un interés real en que tú prosperes. El «Realismo» de Rubio, irónicamente, carece de un sentido realista de la interdependencia humana. Si este es el futuro de la diplomacia estadounidense, Múnich 2026 no será recordada como el inicio de una nueva era de fortaleza, sino como el momento en que la última superpotencia decidió que era más importante tener razón que tener amigos.

            FUENTES:

            Compartir

            Entradas relacionadas

            13 febrero, 2026

            El Ocaso del Unipolarismo y el Despertar del Sur Global: Crónica de una Transformación Inevitable


            Leer más
            9 febrero, 2026

            La Junta de Paz de Trump


            Leer más
            2 febrero, 2026

            Propuesta de Estrategia Geopolítica de Colombia frente a la Presión Externa


            Leer más

            Deja una respuesta Cancelar la respuesta

            Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

            • Contáctenos
            • Tecnofeudalismo de Varoufakis: Por qué el Capitalismo ha Muerto y qué lo Reemplaza
            • Arma del Imperio: el doble rasero de la guerra contra el narco
            • Colombia en la Mira: De Héroes a Mercenarios en Guerras Ajenas
            • Helicópteros sin vuelo: el fiasco del mantenimiento de los Mi-17
            • Análisis del Conflicto Global: De la Cumbre Trump-Putin a la Crisis de Liderazgo Occidental
            • El Discurso que Sacudió la ONU: Petro Señala a la OTAN como el Agente de la Tiranía Global
            • El Declive de la Hegemonía de EE. UU.: El Origen del Orden Multipolar
            • El discreto avance de las relaciones CELAC-UE
            • La Construcción de la Justicia Global: Un Camino de Fallos y Avances desde Núremberg hasta la CPI
            2026 - La Otra Opinión. Autorización a reproducir citando la fuente.
                        No results See all results